Reporte de Miguel Angel Cruz Sánchez
EL HEROE DE LAS MIL CARAS
El objetivo que persigue la obra —así lo explicita el autor— es descubrir algunas verdades que subyacen en la religión y la mitología. Considera que la mejor forma de aproximación a tales verdades es a través del lenguaje simbólico y develar sus misterios utilizando como instrumento al psicoanálisis. Así, mito, religión y símbolo adquieren un parentesco epistémico, de tal manera que podemos entender los problemas centrales en la obra: el porqué del mito, el porqué de los símbolos y, la relación que estos tienen en la construcción del cosmos.
Ahora bien, habiendo definido a la línea psicoanalítica como la vía de estudio, debemos esperar la importancia que tienen sus elementos centrales. El sueño, el subconsciente, y las fases del desarrollo de la psique. De tal manera que bajo este modelo se hicieron las extrapolaciones de lo individual a lo colectivo y viceversa.
El inicio
Reconociendo que el ser humano sintetiza en su psique al cosmos. Y que esta última, a la vez, se proyecta al mismo. Así, las estructuras simbólicas tienen un dinamismo tanto en lo individual como en lo colectivo, de tal manera que la llamada de la aventura se hace manifiesta cada vez que da inicio un nuevo ciclo. De una u otra forma se expresa en la muerte y la subsecuente resurrección —tanatos-eros, tanatos-eros, etc.—. Pero, en todas las culturas y a través de la historia han estado presentes marcando los hitos biográficos, necesarios funcionalmente como umbrales para acceder a la siguiente fase.
La respuesta a la llamada presenta sus riesgos y además es causa de desconfianza y estrés “la añoranza por el vientre materno”. La no respuesta a la llamada condiciona la génesis de las fijaciones, concebida como la parálisis del proceso.
El desarrollo y el fin
Todos los periplos y vericuetos en los que el héroe es involucrado, en el transcurso de su devenir, se conforman por símbolos de fuerzas antagónicas que obstaculizan su misión. Sin embargo, no está solo, ciertas energías externas o internas le dan el suficiente poder para vencer las adversidades.
De una u otra manera, el héroe nunca muere a menos que caiga en el olvido de la conciencia colectiva y sea sustituido por otro emergente —de novo o rescatado del pasado—. Recordemos cómo el mito de Huitzilopotchtli se mantuvo por largo tiempo jugando en el sincretismo religioso, hasta que finalmente casi desaparece quedando apenas sus vestigios en la población indígena.
La necesidad del mito, observamos, se origina junto con la conciencia del ser humano, que evoluciona y se transforma al igual que las sociedades. Y qué inclusive, el conocimiento de esta necesidad ha sido una y mil veces socorrida por las más diversas formas mediáticas, de tal manera que se ha convertido en el anzuelo y troquel de conciencias. No importa credo ni orientación política. Tampoco nobles o perversos propósitos.
Funciones del mito
Si bien, desde un principio se hace referencia a la función del mito. Conviene hacer una extensión más amplia, sin pretender ser exhaustivo, considero a las siguientes:
1º La identidad. Tanto social cómo individual.
2º Sentimiento de pertenencia social.
3º Status.
4º Socialización de las crisis.
5º Solidaridad.
6º Instrumento de apertura a la esperanza.
7º Evasión.
8º Darle significado a las experiencias simbólicas.
9º Función didáctica.
Estas funciones le dan al mito la cualidad de actuar como una más de las fuerzas sociales que aportan cohesión, congruencia y consistencia.
Conclusiones
Ahora bien, podríamos estar de acuerdo o no en cuanto al enfoque psicoanalítico. Pero, sea como sea, el mito está aquí, en nuestras conciencias, en nuestras sociedades. Vive con nosotros. Pertenece y forma parte de la estructura mental del individuo. Sea que se considere la génesis distante del sueño o que surja a partir de este y nos relate la psicología humana.
También puede ser válido un tercer argumento: que el mito no necesariamente tenga un sólo origen. Esto ya ha sido planteado en diversas condiciones. Para ello hemos de considerar a las diferentes formas de mitos (ateniéndonos a las acepciones de la Real Academia de la lengua) así: la religión, las leyendas heroicas, las leyendas populares, las tradiciones y, finalmente, las supersticiones, conforman el espectro del mundo fantástico en el que se desplazan las proyecciones y anhelos del ser humano. ¿Quién podría afirmar que el mito del chupacabras tenga la misma trayectoria que la del niño Fidencio? Si bien, ambos tienen el elemento fantástico que se acompaña de hechos reales, el significado es totalmente opuesto. Uno, es la muerte, la destrucción; el otro, es la vida, la esperanza.
Hechas estas aclaraciones y volviendo a nuestro contexto existen dos dudas que es necesario resolver:
1º. ¿Qué importancia tiene para nuestro quehacer la lectura de un mamotreto de 300 páginas? En otro momento lo hubiera considerado cómo pérdida de tiempo. Sin embargo, bajo la lógica psicoanalítica, la descripción del perfil y la trayectoria de un personaje adquieren relevancia al aportar hilos conductores que relacionan los actos del mismo en con su estructura y contexto.
2º. ¿Qué elementos nos aporta? Habrá quién niegue el valor, en la actualidad, del psicoanálisis como disciplina. Sin embargo, más allá de las particulares relativizaciones —me incluyo— que le den vigencia o caducidad, tiene aun suficiente sustancia para sacarle provecho. Veamos, pues: al psicoanálisis lo podemos abordar desde el punto de vista epistémico y descriptivo; pero además, como herramienta clínico terapéutica. Afortunadamente y para nuestros fines, es el primer punto de vista al que podríamos adherirnos dejando al margen la discusión respecto a la utilidad clínica. Entonces ¿qué nos aporta? Nos aporta las herramientas para la construcción de personajes humanos, con cualidades profundas, además de las causalidades subyacentes en las respuestas y actos.
Si este texto lo hubiera tenido que leer en otro contexto —no el literario—, seguro que lo rechazaría inmediatamente. B. Russell definió a la filosofía como el eslabón entre religión y la ciencia. Retomando esta idea, ahora acepto que la literatura sea el eslabón entre el mito y la realidad. Cos esto, nuestro quehacer próximo —el literario— adquiere otras dimensiones, talvez ya intuidas por la inteligencia, pero poco organizadas.
Finalmente, y para no pasar desapercibido, llama la atención los argumentos con los que concluye el autor (pag. 343)…El centro de gravedad, o sea, del reino del misterio del peligro, ha sido eliminado definitivamente. Se percibe una sensación de nostalgia; así, como si fuera la “pérdida del paraíso”. Indudablemente que es menester objetarlo. En primer lugar, el interés por develar misterios nunca podrá perderse. Siempre habrá una mente inquieta que busque los porqués de los porqués, y es que nunca dejaremos de tener, para nuestra ventura, sustancia que nos intrigue y que nos haga volar la imaginación. Tal vez, lo que haya cambiado sea el escenario y la cualidad de nuestras fantasías.
También erró al considerar (pag. 344) que: …sus símbolos ya no interesan a nuestra psique. Todo lo contrario, cada vez más nos introducimos en el mundo simbólico. Con recurrir, simplemente, a los textos básicos de psicolinguística o de comunicación, nos daríamos cuenta del enorme interés, renovado, que hay por las cuestiones simbólicas. Para muestra, un botón: en la actualidad, unas de las teorías que explican la etiología de la esquizofrenia, concibe que la contradicción simbólica contribuye al desarrollo del desajuste psicológico. Ciertamente, en descargo, la obra estudiada tiene sesenta años de edad.
martes, 12 de mayo de 2009
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