martes, 17 de marzo de 2009

Crónica del fin del mundo

Crónica del fin del mundo

Anotaciones en el cuaderno de bitácora del capitán Noé.

Día primero. Me pidió que construyera un arca y así lo hice. Reuní a mi mujer e hijos y les dije lo que la voz había dictado en mi cabeza. Lloverá, lloverá durante varios días con sus noches, las aguas cobijarán la tierra y entonces, toda vida será aniquilada. Cumplí órdenes. Creamos una barca de tan gran eslora, manga y calado, que jamás el mar volverá a ver algo semejante. Entonces, por estricto acatamiento a lo que dijo la voz, juntamos una pareja de cada especie animal y subimos a nuestra arca.
Zarpamos de mañana. Satisfechos de haber sido salvados, la verdad es que estamos muy agradecidos. Todos, excepto el abuelo, que ya es muy viejo y huele un poco raro. Era de esperarse. Tiene casi 700 años. - Yo sé de esas voces –me ha dicho, -Sé lo que sufrieron mi padre Matusalém, su padre Henoc y Jared antes que él-
La voz. Mal hereditario. Enfermedad que viaja de cabeza en cabeza desde tiempos de nuestros ancestros. Yo no lo veo así. ¿Qué importa lo que diga el anciano? A su edad, todo le parece una amenaza. Es mi padre y lo quiero, pero la verdad es que comienza a ser una carga.

Día tres. Velocidad de crucero: 5 nudos. Barloviento en popa. Continúa tormenta. Sin novedades.

Día cinco. Problemas con el abuelo, pasa el día con la mirada perdida y se niega a probar bocado. Viejo estúpido. Mi esposa ha tratado de ayudarle, ¿para qué? Así es Lamec. He tenido que encerrarle en su camarote.
La trayectoria se mantiene en curso a 20º, latitud norte. Si el viento continúa soplando del sureste, mantendremos una velocidad de crucero de hasta 7 nudos, suficiente para llegar a donde sea que nos estamos dirigiendo.

Día siete. Continúa lloviendo. Continúa, pero la familia conserva la calma. Los vientos son fuertes por lo que seguiremos a palo seco. Todos mantenemos los ojos en el cielo. Mis hijos son valientes y también sus mujeres. Cam es un poco débil de carácter. Muestra una gran reticencia a creer en lo que me dicta la voz. Lo comprendo, es joven aún. Ya lo entenderá. Pensar que embarazó a su mujer a los 75 años. ¡Ja! Un chiquillo. A su edad yo no pensaba en esas cosas. Los tiempos cambian, sin duda. Los tiempos cambian.

Día diez. Hemos perdido al abuelo. Le buscamos en su camarote esta mañana y no lo encontramos. Anciano idiota. Andar deambulado por los pasillos del barco. Ya aparecerá, dije a mi mujer aunque ella se muestra preocupada. Cosas de viejos, eso es todo. Un tiempo a solas le ayudará a agradecer lo pacientes que somos con él. ¿Y si no? Pues que pase el resto del viaje perdido. Mejor para mí.

Día once. Sin noticias del abuelo. Sem y Jafet han pasado el día entero buscándole. Sotavento al este. Pérdida sustancial de carga a causa de la tormenta.

Día trece. Problemas con la mujer de Cam. El embarazo no va bien. Ha sangrado todo el día. Necesita de un médico. La tormenta empeora. Abroquelamos las velas en espera de que reciban el viento por la cara de proa.

Día quince. Sin noticias del abuelo. Mujer de Cam mejora gradualmente. Entre otras cosas, descubrimos que el hipogrifo hembra había fallecido. Es una lástima. Una lástima en verdad pensar que ya nunca más volverán a haber hipogrifos en la tierra. La tormenta amainó durante el crepúsculo. Velocidad de crucero: 5 nudos.

Día veintisiete. Desesperanza en el barco. Las lluvias continúan. ¿Cuándo se abrirán los cielos? Esta mañana, he tratado de exigir respuestas. La voz ha callado. Pero no importa. Nos salvaremos.

Día treinta y ocho. Desesperanza en la tripulación. Mi mujer está molesta conmigo. Desde noches atrás ya no me cumple en la cama. Me volveré loco si continúo así el resto del viaje. Luego se ha molestado por descubrir que estaba complaciéndome a mí mismo. ¿Y qué esperaba?
Por su parte, Sem y Jafet tuvieron una fuerte pelea. Creo que tiene que ver con la mujer de Sem, que he visto lanzar miradas lujuriosas a Jafet. Espero las cosas no empeoren. En estas circunstancias extraño al abuelo. Mi pobre padre. Lamec sabría que hacer. Le extraño. ¿Por qué tuvo que ir a caminar solo por el barco?

Día cuarenta y uno. Finalmente. Lo sabía. Sabía que Él no me había abandonado. Abrimos las ventanas esta mañana y vimos abrir el alba con los colores del fuego. Y la lluvia cesó, ¡Cesó! Abracé a mi mujer e hijos y de estar aquí también habría abrazado a mi padre. Pobre Lamec. Ya aparecerá. El viejo es fuerte. Tal vez más fuerte que todos.
Mañana enviaré al cuervo a buscar vestigios de tierra. Por lo pronto, hoy fue día para celebrar. Decidimos matar a un unicornio. Lo sé, lo sé. Los animales son para poblar la tierra, no para comerse. Pero no hay mejor carne que la del unicornio. En fin, una especie más, una menos. Todo sea por un buen festín que terminó conmigo en los brazos de mi mujer y en una noche como las que pasábamos cuando teníamos sólo 150 años. ¡Qué tiempos aquellos!

Día cincuenta. Cesó el diluvio, es cierto. Pero aquí la calamidad cae en gotas más gruesas. Encontramos al abuelo. Parte de él, al menos. Lo encontramos en la jaula de los leones. Sem, encargado de revisar el estado de los animales, encontró en el interior de la celda lo que parecía ser un dije de oro. Lo halló entre una maraña de ropas desgarradas y carne podrida. Cuando lo ví, supe se trataba del dije del abuelo. Pobre anciano. Vivir casi 700 años para encontrar la muerte entre los dientes de las criaturas que estamos salvando. Decidí que mataríamos a los leones, no es la primera víctima que fenece a causa de su gula, pero mi mujer e hijos me persuadieron de hacerlo. Las bajas han sido numerosas. Muchas especies han fallecido en el trayecto antes de poder reproducirse.
La mujer de Cam se ha puesto mala de nuevo. Me preocupa que no sobreviva el viaje. El cuervo, ese maldito pajarraco, no ha traído nada que alivie nuestros corazones. Supongo que Cam ha perdido la esperanza.
Y la voz se mantiene callada. Mis hijos lo saben y por eso me odian. ¿Por qué hicimos caso de esa estúpida voz? Tal vez todos debimos quedarnos en tierra como decía el abuelo. Ah, Padre mío, sabio Lamec, espero sepas que siempre te quise.

Día setenta. Unas semanas extenuantes. Hicimos todo por salvarla. Fue inútil. Cam perdió a su esposa e hijo esta mañana. Lanzaremos sus cuerpos al mar. Cam dijo que todo era mi culpa. Así que tuve que tumbarle los dientes de un bastonazo.

Día ochenta y dos. Circunstancias delicadas. Habrá que conformar un consejo naval. Sem enterró un cuchillo en el vientre de Jafet y después intentó matar a su esposa. Sem asegura haberles visto yacer juntos. Jafet vive, pero su estado es delicado. Ahora debo juzgar a mi hijo. No puedo pasar por alto los hechos. La ley es la ley. Debo ser estricto en la sentencia. Como capitán de este barco, no puedo permitir que mi tripulación vea que soy débil. Sem deberá ser arrojado a los leones.

Día ochenta y tres. Mi mujer me ha prohibido cumplir la sentencia. Justicia, justicia. ¿Qué sabe ella de conceptos legales? Me conformaré con mantener a Sem encarcelado. Si algo me aterra más que la ira de la Voz, es el enojo de mi mujer. Así que acataré sus órdenes.

Día noventa y uno. La salud de Jafet es estable. Sem continuará encerrado. Yo, por mi parte, considero que las acciones de Sem son comprensibles. Después de mirar lo bella que es la mujer de Jafet, bueno, creo que entiendo el por qué de la disputa. Tremenda la muchachilla. Muy atractiva, sí. Tal vez debería hablar con mi hijo y pedírsela por un rato. Después de todo yo soy el salvador de todos los tripulantes. Algo debí haberme ganado. Tal vez debería tratar de hablar con Sem. Negociar. Liberarlo a cambio de algunas noches con su mujer, la cual tampoco es fea. Además yo soy el capitán. La más alta autoridad de este barco. Por lo tanto todos deben obedecerme.

Día noventa y dos. La tripulación se ha amotinado. Todo por tratar de ejercer mi derecho como capitán de este navío. Mis órdenes fueron sensatas. Todas las mujeres deberán ser llevadas al camerino del capitán para que él pueda disfrutar de ellas. Sem y Jafat se han rebelado. También Cam se ha unido con ello. Pensé que él sería más sensato. Después de todo él ya no tiene mujer. Motín, señores, esto es un motín. Todo acto de rebeldía deberá ser castigado.

Día ciento cuatro. Continúa supresión de la revuelta. La guerra ha sido dura aunque los rebeldes se repliegan. He logrado atrincherarme en la escotilla. Ellos tienen las provisiones, pero yo aún detento el mando de este navío.

Día ciento y no sé qué. No hay rastro de los rebeldes. Deben permanecer escondidos. Por mi parte, me mantengo alerta con el cuchillo enhiesto. Las voces regresan. Ésta vez más de una. Mátalos. Mátalos a todos. Cortaré sus cuellos y después me alimentaré de su carne. El hambre es terrible. He tenido que sobrevivir a base de reptiles e insectos. Aún así, mantendré mi posición. No tomarán este barco, no sin antes arranca mi mano muerta del timón.

Día nueve mil doscientos ochenta y tres fracción cuatro, punto cero, cero. Cada día más voces. Todas me hablan. Tormento, tormento. Encallemos ya. Me arrojaré a los leones. Que me devoren. El barco se ha poblado de sombras. Sobras por todas partes. Pronuncian mi nombre. Noé, Noé. Dios único Noé. Mátalos y arrójate a las bestias. Quema el barco Noé. Que muera el mundo. El desierto será tuyo. Nosotros estaremos ahí. Callen ya. Pintaré el cielo con su sangre.

Día primero del nuevo mundo. Reinado del Dios Noé. Salve, salve. Quieren matarme, lo sé. Permanezco alerta con las manos fijas en el timón. Quemaré el barco, eso es lo que haré. Prenderé fuego al arca. Que todos mueran. Salve Dios Noé. Reinaré en el mundo de sombras.

Día ciento cuarenta. Capitán gravemente enfermo. Retomamos el barco. Mis hermanos y yo lo aseguramos y se encuentra a salvo. Permanecerá bajo los cuidados de mi madre.

Día ciento cincuenta. Llegamos a tierra. Quise abrazar a mi esposa e hijo. Lloré. Si hubieran vivido lo suficiente para ver esto. Mi padre, el pobre Noé, continúa enfermo. Sin amargo sonrío al ver que sus pies tocaban el suelo nuevamente. Haremos cómo habíamos prometido. Poblaremos la tierra Crearemos un mundo nuevo.

Quinto mes del año novecientos cuarenta y cinco de la vida del capitán Noé. Curioso encontrar estos escritos. Hoy, he olvidado tantas cosas y aprendido otras cuantas. Recordaré los días que pasamos al interior de mi barca. Y yo, capitán de mi navío, me secaré los ojos cada que piense en ello. Hoy la tierra florece de nuevo y en ella caminan las especies que salvamos.
A veces, cuando uno menos lo espera, llueve. Tiemblo cuando sucede. Buscó en el horizonte un halo multicolor. Ese es el pacto de la voz. Cada que lo vea, recordaré que él nunca más destruirá nuestro mundo.
Aun así, cuando ese arco se traza en el cielo, mis ojos se humedecen y me invade la tristeza. Entonces suelto unas lágrimas tan gruesas y temo que tal vez con ellas, el mundo pueda inundarse de nuevo.

1 comentario:

  1. Victor, es buenísimo. Creo que puedes agregar un par de entradas más en los primeros 40 días, pero tampoco es necesario.
    Por si un día te da curiosidad: Julian Barnes retoma el mismo mito en La historia del mundo en 10 1/2 capítulos (narran garrapatas polizones y Noé es un tirano –también devoran al sabroso unicornio).

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