Me resulta complicado, además de poco interesante, abordar este ensayo como un análisis pretendidamente objetivo de las premisas que enumera Gardner. Para ser franco desde el principio yo no he leído nada suyo ni tengo ninguna referencia u opinión al respecto de su obra, pero en el texto se aprecian entre líneas muchos rasgos de la personalidad del autor y en base a esto me pareció un tipo que cree saber más de lo que sabe, en fin. Parece que era mucho más interesante tallerear con él que leer estas percepciones particulares suyas que no solo no sorprenden, sino en realidad son bastante convencionales (unas obvias, la verdad).
Gardner marca la destreza verbal como indicador temprano del potencial literario. Desde aquí aprovecho para destacar que no es que yo me afane en demostrar lo equivocadas o no que están las observaciones del autor, simplemente me parecen conclusiones a las que uno podría haber llegado fácilmente y sin necesidad de la desesperante redundancia que al parecer le encanta. Piense en las personas que conoce, probablemente tengan ocupaciones tan disímbolas entre si como periodista, secretaria, ejecutivo, ingeniero, médico, etc. Puede que tengan una destreza verbal similar, otros puede que tengan una mucho mayor y sin embargo a lo mejor solo usted puede crear una cuartilla coherente, interesante y que tenga algún valor artístico. Supongo que eso tiene que ver más con la elocuencia, además de un orden de ideas e interés especiales. Personalmente, puedo confesar que muchos de mis conocidos tienen una destreza verbal mayor que yo: Mejor dicción, mejor construcción, incluso son mucho más lógicos y entendibles sus argumentos la mayoría del tiempo confrontados con los míos. Pero al parecer el único que puede crear una narración apenas buena soy yo.
La agudeza perceptiva es la siguiente característica que denota Gardner del joven escritor que va por buen camino. Tiene razón al parecer, todo mundo me lo había dicho ya antes. Prosigue a describir el particular tipo de inteligencia que hace falta para usar de manera creativa el lenguaje. En este punto el manual, o lo que sea, se pone más interesante, ya que es una verdad que la inteligencia se requiere casi en cualquier oficio, pero la del escritor es una inteligencia rara. Impractica, inservible para cualquier otra cosa que no sea el ocio (creo que así lo dice). Este resulta un indicador incluso más prematuro que el de la destreza verbal, pues tal inteligencia parte del ingenio natural y se va fortaleciendo con la lectura y la escritura por supuesto. Los que rodean a un pequeñuelo con tal capacidad mental probablemente no presten mucha atención al respecto y no vean más que un alma curiosa. Por tanto siempre resulta más difícil detectar esta cualidad, pues se disfraza como mero encanto.
Para acabar se recomienda ser compulsivo. No tengo nada que agregar mas que podría ser muy buen consejo de no ser algo que, a mi parecer, es como esta inteligencia particular antes mencionada: Debe ser natural.
En cuanto a la preparación comparto la opinión de que a fin de cuentas resulta algo importante, sobre todo en cuanto a cuestiones prácticas. El gusto por el conocimiento es importante pata ejercitar la creatividad, para tener en el archivo mental escenarios, gente, tradición, historias. Casi en todas las disciplinas humanas se pueden hallar imágenes conmovedoras y tramas sencillas pero interesantes que el escritor ya sabrá como narrar: Volver la anécdota arte. Para que este proceso llegué a buen fin es necesaria la crítica desde diferentes perspectivas, la del taller claro es importante pues viene de gente con un interés común, si se tiene suerte alguien que sepa del oficio. De alguna manera pueden ser los que mayor conocimiento de causa tengan. En algunos, y algunas sesiones en particular, incluso se llegue a definir corrigiendo un poco el desbocado estilo. Es muy buen ejercicio la verdad.
Las reflexiones posteriores acerca del ambiente literario y la publicación, me llevan a pensar que probablemente lo que más necesita un escritor joven es ir conociendo los gajes del oficio. Como en todo supongo que uno se va dando cuenta pero no parece mal consejo el de Gardner de hacerse de un par de amistades, digamos, “conectadas”. De alguna manera es triste que el mundo de las letras se maneje por reglas prácticas parecidas a las de cualquier institución mercantil, sin embargo así es. Tal vez sea la perseverancia, y no la compulsividad, el rasgo de carácter más necesario en un escritor. Aguantar los desfalcos. Escribir, escribir y seguir escribiendo, pulir de esa manera el propio estilo y saber tomar decisiones. Como en muchos negocios, el deporte y la mafia no es malo hacerse de un nombre, ir ganando reconocimiento de menos a más supongo. De alguna manera también hay que hacerse de la maña de escritor además del oficio. En esto uno tiene que ser leal a si mismo, nunca olvidar que es lo que se persigue. Ya que al fin de cuentas los compañeros, las editoriales, los escritores, pueden ayudar, pero es uno el que se va forjando ese camino.
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Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminaryo decía mi ensayo.
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