miércoles, 4 de marzo de 2009

Para ser novelista. John Gardner

Comentario de Rodrigo García 2020

Dijo Norman Mailer que los poetas y los cuentistas tienen una musa, mientras que los novelistas, una puta. Si uno no la tiene contenta, se va. Me parece que Gardner habría estado de acuerdo.
Yo tengo la experiencia de haber iniciado una novela para abandonarla un centenar de páginas después. ¿La habría terminado de haber leído antes a Gardner? No lo sé. Me parece que no, pues, aunque sus experiencias y consejos son valiosos, lo que a mí me falló fue el método y… un taller para que me guiaran durante el proceso. Aquí están mis dos grandes errores:
1. La estructura no podía sostenerse. Pensé que sería interesante que cada capítulo fuese un día; desde que el personaje despierta hasta que duerme. La idea era dar realismo a las emociones. ¿Qué pasa cuando uno está cansado de sentir y de moverse, horas después del accidente? Lo que sucedió es que terminé con algunos días bien logrados, pero en general, la tensión era insostenible. En la corrección que quizá emprenda algún día, optaré por una estructura no lineal, y reduciré las aventuras del personaje a tres días y no dos semanas.
2. Decidí narrar en primera persona, para que el personaje tuviese momentos de narración en flujo de conciencia. ¿Qué sucedió? Un narrador que es fácil de dominar en el cuento, aquí me dejó al protagonista solo. ¿Cómo tener más personajes interesantes, cuando sólo pueden ser vistos por el filtro de la mirada de un desconocido? Si ha de ser por sus acciones, mejor usar un narrador cámara. La otra respuesta obvia es por la interpretación que el protagonista hace de las acciones de los otros, mas, para lograr esto, creo que tenía que haberme desligado de él. Si el protagonista me representaba a mí y el resto de los personajes al “otro”, ¡cómo no dejarlo solo a lo largo de la novela! Me parece indispensable (y ésto lo dice Gardner) que cada personaje tenga su propia vida, independiente a la del autor, así que hay que entrenarse escribiendo cuentos con personajes muy diversos. ¿Qué solución le daría a mi proyecto de novela, de retomarlo? Un avec… más bien, un avec que procure no interpretar. Es decir, que actúe como narrador cámara, pero que sea capaz de mirar la fisiología interna del personaje (cómo reaccionan el corazón y el estómago ante la situación) y, periódicamente, sí entre en la conciencia del personaje (yo yo yo yo, pensó).

Suele ser frustrante darse cuenta de este tipo de errores en un cuento: habrá que dedicarle horas más de las contempladas. Para escribir una novela, uno desearía haber nacido con experiencia y simplemente darle rienda suelta a la imaginación, incluso hacer alarde de talento ante uno mismo. Solo, hay que tropezarse; guiado por un tallerista, hay que cuidar que las decisiones sigan siendo propias… y tropezarse, aunque sea en menos ocasiones. Ya dijo Gardner que la novela es como el maratón, pero obvió el hecho de que en el primero, si se llega a la meta, debe llegarse con un pie en la editorial y el otro en el hospital.
André Jute escribió que si un escritor no termina su primera novela, es posible que nunca comience la segunda. Espero que no sea el caso… Sólo debo conjugar todas las piezas necesarias y no la mitad: Varios personajes interesantes, un lienzo lo bastante amplio para dar el número de páginas y lo bastante pequeño como para no extraviarme, una estructura que sea plausible, un narrador que sea el adecuado hasta el último capítulo, anécdota y, sobre todo, tiempo.
¿Cuándo me di cuenta de que había estas fallas en mi trabajo? ¡En unas vacaciones de una semana! Mientras escribía, estaba ciego a estos elementos por estar inmerso en la conciencia del personaje y en la atmósfera de su mundo, y bastaron unos días para darme cuenta de que no funcionaría. Es, en verdad, frustrante, disfrutar la experiencia de escribir una novela (porque se disfruta y mucho, como prolongar por meses los minutos de contemplar una obra de arte pictórico), y no disfrutarla hasta el final. Corregir sin ver el final de la historia primero eso como si se descompusiera la turbina a medio vuelo al paraíso y hubiese que regresar al aeropuerto de origen. ¡Allá están los ríos de miel y aquí coca-colas de veinticinco pesos!
Pienso que corregir todo lo que tenía que corregir después de ver el final de la historia habría sido igual de arduo, pero mucho menos frustrante. Corregir es una labor mecánica y todo escritor debe realizarla, pero, por Apolo y el Espíritu Santo, ¡no antes del orgasmo! (“Mi amor, no te vistas; voy a comprar más condones, porque este se rompió y era el último.”)
Así, escribir una novela puede ser (será) maravilloso como la visita diaria de una musa, siempre y cuando gastemos hasta la última moneda de frustración y paciencia en pagarla, como a una puta.

Sobre la sensibilidad verbal, la capacidad de observación y las otras cualidades que propone Gardner como necesarias en el joven novelista, es difícil no estar de acuerdo, pero no hay que olvidar que su punto de vista es el de un tallerista. Si el escritor joven aprende que no tiene estas cualidades, lo hará siempre por las malas. Sólo la realidad de su trabajo visto a la distancia, le dirá si es o no es un verdadero escritor.

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