jueves, 28 de mayo de 2009

Ensayo sobre Campbell.

Ensayo sobre Campbell
Germán Parra
¿Cómo nos hablan los mitos a nosotros el día e hoy? ¿Qué mitos vivimos el día de hoy?

Hubo un momento en la vida de Carl Gustav Jung en la cual se dió cuenta de lo que significaba vivir de acuerdo a una mitología y se preguntó a sí mismo “¿cuál es la mitología por la que vivo?” Se dió cuenta de que no lo sabía. Y efectivamente, a partir de ese momento dedicó todo su esfuerzo vital a realizar esta tarea: encontrar su propia mitología para rehacerse como tal. Joseph Campbell es la mejor brújula de la era moderna para realizar tan titánica empresa de vitales proporciones.
Un mito es una narración que nos pone en contacto con los grandes misterios de la vida, es una metáfora que no necesariamente nos permite desvelar un misterio pero sí conocerlo, experimentarlo –aunque sea de manera metafórica- y sentirnos conmovidos por el mismo.
La enorme y abrumadora cualidad de un mito –uno de verdad- es que trasciende barreras de tiempo y espacio volviéndose universal a cualquier cultura, posibilitando que un punto en particular pueda ser comprendido por cualquier persona o –si no comprendido- cuando menos experimentado. “Experimentado” como la capacidad de atrapar la atención de la persona y conmoverla o –incluso- hasta transformarla.
Campbell sostenía que “el viaje del héroe” se repetía en la mitología de las diversas culturas a través del mundo como una constante, él postulaba la teoría del monomito. En su libro “El héroe de las mil máscaras”, Campbell hace un recorrido por las etapas por las que un héroe mitológico debe transcurrir y señala que en todas las grandes tradiciones mitológicas del mundo, estas etapas se cumplen cabalmente.
El héroe podía ser un guerrero, un explorador, un filósofo, un artista o un científico; son ellos quienes forman el panteón de los héroes. Pero el viaje es esencialmente el mismo: una historia transformadora que transmuta el mundo del héroe y de aquellos que lo rodean. Ya sea Odiseo, el rey Arturo o Luke Skywalker, el héroe transcurre por: el llamado, la evasión, el encuentro con el mentor, el descenso al inframundo y su confrontación con los guardias, las pruebas, el rito de iniciación, el verdugo de dragones, el tesoro y/o el rescate a la princesa. Pero la mayor prueba es cuando el héroe confronta la muerte y necesita seguir la sabiduría de su propio corazón. Estos mismos elementos pueden traslaparse a un buen argumento de cine, teatro o novela que quiera relatar un viaje externo o interno, una iniciación, o, lo que es igual, una transformación.
Pero en realidad el alegato va aún más allá; Campbell extiende y estira su teoría llevándola al extremo, arguyendo que dichas etapas son también los componentes de la vida diaria, es decir, del argumento de nuestras vidas. Campbell postula que nuestra vida, nuestro recorrido en esta tierra obedece a la historia del héroe –y a sus diferentes etapas- para alcanzar un desarrollo personal satisfactorio.
Lo anterior, sea verdad o no, siembra la pertinaz duda de si no somos en esta vida más que escritores, actores, directores y productores de un melodrama o comedia que llamamos vida personal y que el cosmos no es más que un infinito proscenio en el cual se representa una gran obra de teatro para el deleite del universo y de nosotros mismos.
El rol de la mitología es relacionar los nuevos descubrimientos que se convierten en “la verdad” de ese momento, reinterpretarla para conciliarla con la vida común; la mitología debe de lidiar con la cosmología de su tiempo. La mitología debe de aceptar la ciencia de un tiempo y penetrarla para encontrar sus misterios y explorarlos. La ciencia debe de permitir a la mitología sus símbolos y la exploración de sus misterios sin pedirle que concretice sus imágenes. La ciencia no debe de pedirle a la mitología que muestre la región geográfica de “la tierra prometida” o que produzca los restos mortales de la primer “quimera”.
Pero y ¿el mito... es una mentira? Probablemente, pero –al igual que la literatura y el arte en general- es una mentira que representa a la verdad. Vargas Llosa en su ensayo “La verdad de las mentiras” sostiene que la literatura crea mundos cuya consistencia y “realidad” provoca que creamos en ellos, que existan para nosotros y que sean capaces de inspirarnos. ¿Forman parte de nuestra realidad común? No, sin embargo, no se puede decir en definitiva que Comala no existe, que Pedro Páramo no sigue siendo un cacique terrible y que Juan Preciado no haya encontrado nunca a su padre.
Del mismo modo, podemos afirmar que, si bien los mitos no forman parte de la realidad empírica como la conocemos, podemos decir que los mitos son una metáfora de la realidad. Postulemos: creer en Dios es una metáfora para un misterio que trasciende todas las categorías humanas del pensamiento; incluso aquellas categorías del ser y del no ser –esas son categorías del pensamiento. Es tan simple como eso; todo dependerá de cuánto querramos pensar sobre ello. Aquellos que creen en este mito –incomprobable- son llamados teístas y aquellos que creen que el mito es mentira, son llamados ateos.
El libro de Campbell ha tenido grandes repercusiones en distintas disciplinas que incluyen, pero que no se limitan, a la literatura, la psicología y la psiquiatría, la antropología, la cinematografía,el trabajo creativo, así como un largo etcétera.
James Hillman, psicólogo y escritor, afirma: “nadie, ni siquiera Freud, Jung, Mann o Levi Strauss lograron traer a nuestra cotidianeidad el sentido mitológico y arquetípico de nuestras vidas como lo hizo Joseph Campbell”.
Seguramente Campbell, al escribir su libro esperaba darle a la gente una de las llaves al reino de las musas que es donde se localiza el mito en general. La semilla del alma se encuentra localizada ahí donde el mundo interno y el externo se encuentran. El mundo externo es donde se encuentran los estímulos, el mundo interior es la respuesta a esos estímulos y es justo ahí donde los dos se encuentran, que el mito –mythos- se haya. El mundo externo cambia con el tiempo histórico. El mundo interno –el mundo de “atropos”- es el mundo de constantes a la raza humana. Así es que a través de los sistemas mitológicos, encontramos grandes constantes; constantes que son reconocibles y aquello reconocemos es nuestra propia vida interior al mismo tiempo que se suceden las inflexiones de la historia.
La tarea de hacer coincidir lo externo con lo interno de nuestro tiempo es el trabajo de los artistas, de los autores. La mitología es la piedra de toque de la literatura. James Joyce ya demostró que todos podemos vivir una odisea en nuestras propias vidas y el poeta egipcio Constantino Kavafis en su poema Ítaca, nos enseñó que “Cuando emprendamos nuestro viaje hacia Ítaca, debemos rogar que el viaje sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias...”

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