Seis propuestas para el próximo milenio
Miguel Angel Pech Cabrera
Italo Calvino es una autoridad en la literatura, sabe lo que dice y porqué lo dice, no es un teórico que habla desde la “barrera” o a partir solo desconocimiento que dan horas y horas de estudio de gabinete, sino una persona que vivió en carne propia la literatura, la conoce a profundidad, la escribe, la disecciona, y experimenta la adrenalina de encontrar caminos nuevos y arriesgarse a fallar en ese intento.
“Seis propuestas para el próximo milenio” es su obra póstuma porque el destino así lo determinó y puso un límite, aunque vive un intervalo de más de las tres cuartas partes del siglo, distribuidos casi equitativamente en el mismo, veinte después de iniciado, y quince antes de que terminara. Conoce prácticamente todo lo relevante que sucede en dicho siglo por experiencia propia, se compromete con su tiempo, y lo vincula a su trabajo literario. Esta obra es como el último mensaje de un experto que investigó el devenir histórico de la literatura en los siglos anteriores; la vivió y vió desenvolverse frenéticamente durante casi un siglo, y finalmente envía un mensaje a la posteridad. Este mensaje lo divide en seis temas:
1. Levedad
Este concepto se relaciona básicamente con la ligereza del lenguaje, aquel que con palabras sencillas nos permite adentrarnos en la historia de manera dócil y sin mayores complicaciones. En general, nos habla de la ligereza de la estructura, o sea en la construcción sencilla de la obra. También ligereza en el lenguaje utilizado como lo menciona anteriormente, y finalmente, ligereza en la forma de manifestar las ideas con imágenes sutiles, directas y sencillas. La levedad es así, un elemento fundamental de la nueva literatura
“…Podemos decir que dos vocaciones opuestas se disputan el campo de la literatura a través de los siglos: una tiende a hacer del lenguaje un elemento sin peso que flota sobre las cosas como una nube, o mejor, como un polvillo sutil, o mejor aún, como un campo de impulsos magnéticos; la otra tiende a comunicar al lenguaje el peso, el espesor, lo concreto de las cosas, de los cuerpos, de las sensaciones…”
2. Rapidez
Este concepto está íntimamente relacionado con el anterior, ya que la relación que existe entre el desarrollo de los sucesos y el tiempo en que se suceden, debe fluir de manera continua y sin pesar. Manejar adecuadamente y libremente el tiempo. No es condición necesaria de una obra la cantidad de hojas que se escriban, la levedad y el desarrollo ágil de la misma en el tiempo deseado, le dan un poder muy especial. La analogía que Calvino hace en este sentido con Mercurio y Vulcano, son clara y contundente
“…Con esto no quiero decir que la velocidad sea un valor en sí; el tiempo narrativo puede ser también, o cíclico, o inmóvil. En cualquier caso el relato es una operación sobre la duración, un encantamiento que obra sobre el transcurrir del tiempo, contrayéndolo o dilatándolo…”
3. Exactitud
No es posible concebir la levedad y la rapidez sin la exactitud, se debe decir lo que se quiere decir, es como el cálculo matemático que no tiene desviaciones o interpretaciones que tergiversen su significado, es preciso. Esta es una virtud que Calvino manifiesta claramente.
“…Por eso para mi el uso justo del lenguaje es el que permite acercarse a las cosas (presentes o ausentes) con discreción y atención y cautela, con el respeto hacia aquello que las cosas (presentes o ausentes) comunican sin palabras…”
4. Visibilidad
Con este concepto, Calvino va complementando los elementos anteriores donde analiza la forma literaria, con la parte interna del escritor, representada por la imagen que requiere a partir de la imaginación. De cómo la imagen se entrelaza con las palabras, para a veces dirigirla, y otras seguirla. La imagen es una fuente inagotable de ideas para la creación literaria.
“…Si he incluido la Visibilidad en mi lista de los valores que se han de salvar, es como advertencia del peligro que nos acecha de perder una facultad humana fundamental: la capacidad de enfocar imágenes visuales con los ojos cerrados, de hacer que broten colores y formas del alineamiento de caracteres alfabéticos negros sobre una página blanca, de pensar con imágenes…”
5. Multiplicidad
En este concepto, Calvino se sale de la introspección, y se abre más a una situación de interacción, donde todas las cosas e ideas se pueden de alguna manera entrelazarse y formar una red donde se desarrollan y relacionan las acciones de una obra. Requiere de una visión de enciclopedia, y demanda un gran conocimiento por parte del escritor.
“… que es la novela contemporánea como una enciclopedia, como método de conocimiento, y sobre todo, como una red de conexiones entre los hechos, entre las personas, entre las cosas del mundo…”
6. El arte de empezar y el arte de acabar
Con este concepto que se refiere también a la forma de escribir, Calvino nos advierte sobre la importancia de estas dos partes de cualquier relato, el inicio y el final. Todo empieza y todo termina, lo importante en la literatura, es como se empieza y termina una obra. El contenido debe estar coronado entre dos elementos originales excepcionales, el primero al inicio genera el interés, y al final nos deja el agradable sabor de boca de una buena obra.
“… El comienzo de una novela es la entrada en un mundo distinto, con características físicas, perceptivas y lógicas del todo propias…”
Finalmente, Calvino hace un esfuerzo por concientizar a las nuevas generaciones sobre las consecuencias que la modernidad pueden traer a la literatura, hay más comunicación pero menos literatura, hay más información pero menos ideas, hay mensajes en lugar de oraciones. Ante esto, considera que la literatura será un elemento fundamental para transitar hacia un mundo mejor.
martes, 26 de mayo de 2009
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